
El carácter de un lugar se construye a partir de algo que se repite, de un rasgo que aparece de forma reiterada. Es aquello que nos permite reconocerlo y diferenciarlo de los otros. Nos cuenta su razón de ser y habitualmente responde a un modelo, a un desencadenante, que se reproduce con variaciones. Aquí tienen cabida elementos y tipologías arquitectónicas, técnicas constructivas, decoraciones, infraestructuras para domesticar un lugar y también costumbres o modos de usar la ciudad. Sacar unas sillas a la calle para conversar al fresco o plantar filas de cipreses para proteger los cultivos del viento son ejemplos de un patrón repetido. Este rasgo es normalmente una expresión popular y compartida, aunque, no por ello, detectable a primera vista. Tenemos mayor facilidad para ver hechos singulares y autónomos, seguramente porque resaltan sobre un fondo ordinario que pasa inadvertido. Necesitamos pues agudizar la capacidad de observación y tender relaciones. Basta con pensar en la mirada de Bernard Rudofsky, Venturi, Scott Brown e Izenour, Rem Koolhaas o Atelier Bow-Wow para percatarse que el desvelo y análisis de unas evidencias puede sustentar un modo de proyectar. Pero seguramente, las aproximaciones más audaces vienen de disciplinas tangenciales, como la fotografía, las artes plásticas o la geografía. Así lo ilustra el trabajo de Manolo Laguillo, Clara Nubiola o Álvaro Domingues. Afinar la mirada exige herramientas de representación específicas.
Autor: Eduard Callís y Carles Marcos
Páginas: 212
Idioma: Español
Editorial: Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona
Año: 2024
ISBN: 979-13-87613-32-7