La calle es nuestra

El siguiente artículo de M. José Díaz de Tuesta sobre la exposición de los episodios 3 y 4, apareció en la edición madrileña de El País el día 23 de septiembre.

El sugerente asunto que trata la exposición Rehabitar en nueve episodios (que más que una exposición es una instalación en plena acera) es la calle, de qué manera puede ser ocupado ese espacio público y de sus múltiples usos que han sido en gran medida arrasados con el tiempo, como comer, jugar o ver una película.

Con coherencia, la muestra ha salido de las salas expositivas de Nuevos Ministerios y se ha plantado en la calzada ocupando parte del espacio de las arquerías. La ventaja añadida es que cualquiera que pase por ahí (la muestra trata de ser didáctica y accesible) no le queda más remedio que detenerse ante una mesa de 25 metros de largo con ilustraciones y textos que contienen toda una serie de propuestas audaces y a la vez de gran simpleza sobre cómo el ciudadano puede apropiarse (de nuevo) del espacio urbano.

Un ejemplo: en 2009 la plaza Times Square de Nueva York se convirtió en un banco de pruebas para ensayar la peatonalización de una parte. Así, unos cuantos vecinos ocuparon con hamacas ese espacio durante meses para evaluar su impacto. De esto también trata el primero de los capítulos de la exposición, Rehabitar la calle: que antes de emprender costosas intervenciones ciudadanas, y sobre todo en estos tiempos, es más viable hacer pruebas y medir el impacto con sistemas elementales. En este caso, con simples objetos domésticos.

Un gran mural en la fachada de Nuevos Ministerios que reproduce La cena de Leví (1573), de Paolo Veronese actúa como un potente imán visual. Por qué esta escena y no otra más contemporánea lo explica el comisario Xavier Monteys: «Ilustra muy bien el punto de partida de la exposición, que es el uso polivalente del espacio urbano y en esa escena no se sabe muy bien si están en un palacio, en la calle o en una casa». Monteys forma parte del Grupo de Investigación Habitar, del departamento de Proyectos de la Universidad Politécnica de Cataluña, responsable de esta muestra, junto con el Ministerio de Vivienda. Esa idea de partida es que en las calles de las ciudades abundan elementos ajenos al ámbito personal: asfalto, farolas, coches… Ante esta invasión ajena propone «domesticar la calle» para que uno se sienta como en casa. «Esto no requiere ni demasiadas obras ni demasiados gastos, solo se necesita sentido crítico, voluntad y un par de conos en las vías durante los fines de semana para cortar el tráfico y ganar ese espacio», explica el comisario. Al artista Henk Hofstra solo le hicieron falta 4.000 litros de pintura azul para transformar una calle invadida por los coches en una vía habitable de Drachen (Países Bajos) por donde también es posible pasear.

La exposición, abierta hasta el 26 de diciembre, culmina con el capítulo Rehabitar las plantas bajas, una serie de propuestas para revitalizar esos espacios a menudo despreciados para usos habitables. Al contrario, la idea es romper ese límite y reconsiderar de nuevo las relaciones entre el trabajo y el hogar para animar la vida social. Y de paso dando nuevo uso a tantos locales desocupados.

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Accede al artículo original en El País siguiendo este enlace.

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