rehabitar olímpicamente

A finales del siglo XIX, el gobierno alemán, decidido a mejorar su productividad industrial para poder competir con aquellos países europeos que recibían las mejores materias primas de sus colonias, envió a un importante arquitecto, diseñador y escritor, Hermann Muthesius, a Inglaterra, entonces la potencia industrial más prominente de Europa. Muthesius pasó siete años en las islas británicas y quedó admirado de las formas de vida de sus habitantes, del diseño de sus objetos cotidianos, de la forma y utilización de sus viviendas, y de la planificación urbana de sus ciudades. Al regresar a Alemania escribió su famoso ensayo Das englische Haus, reformó la enseñanza de las Artes y Oficios y fundó, junto a Peter Behrens, Hans Poelzig y Bruno Paul, la Deutsche Werkbund, gracias a la cual, la industria alemana se convirtió en una de las mejores del mundo.[1]

Campo de vóley playa en la explanada del cambio de guardia en Londres, durante el partido entre los equipos femeninos de Brasil y Checoslovaquia. La Vanguardia, 02.08.2012. Fotografía de Petr David Josek. AP

Un siglo más tarde, los Juegos Olímpicos de Londres vuelven a dar una gran lección de estrategia general no sólo a la vieja Europa sino a todo el mundo. Con su habitual practicidad, inmersos en la coyuntura de crisis económica global, los británicos han decidido aprovechar este evento deportivo para mejorar su transporte público e impulsar el desarrollo de algunos barrios de sus periferias, como el East End, edificando algunos rascacielos emblemáticos, no exentos de polémica. Sin embargo, en lo que atañe a las infraestructuras deportivas, han apostado por reciclar y reutilizar al máximo, organizando un anillo olímpico en el que sólo una minoría de las instalaciones seguirán en pie pasados los Juegos. Contrariamente a las ciudades que la han precedido durante las últimas décadas que se dedicaron a edificar estadios, gimnasios, piscinas, canales, pabellones e infraestructuras especiales para cada una de las modalidades olímpicas, Londres sólo ha construido ex nuovo el estadio olímpico, el centro acuático y el velódromo; tres construcciones que tienen una capacidad de aforo relativamente baja para evitar un abandono parcial de las mismas y los gastos de mantenimiento de ello derivados.[2] El resto de los pabellones e infraestructuras que acogen los distintos deportes son efímeras, estructuras ligeras que se montan y se desmontan para ser aprovechadas más adelante, en otro lugar o, por qué no, en los próximos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Y por si fuera poco, algunos emplazamientos existentes del centro de la ciudad albergan muchas de las competiciones deportivas. El lago Serpentine de Hyde Park, acoge las pruebas de natación de larga distancia en aguas abiertas. Las calles del centro de Londres, con Buckingam Palace de telón de fondo, constituyen la plataforma ideal para las pruebas de ciclismo a contrarreloj y, por supuesto, para la famosa maratón. Pero uno de los escenarios más sorprendentes por su contexto urbano y simbólico es el campo de vóley playa. Ubicado en la explanada del cambio de guardia de la caballería, frente al 10 de Downing Street, ha obligado a trasladar por primera vez esta ceremonia milenaria a otro lugar, mientras se celebran las competiciones. De hecho, el primer ministro puede ver el espectáculo deportivo desde las ventanas de su residencia, al igual que los funcionarios del Ministerio de Defensa, situados al otro lado de la explanada.

Esta aplicación de la practicidad a nivel global en una ciudad como Londres, utilizando de manera estratégica todo aquello de lo que ya se dispone y haciendo partícipes a todos los ciudadanos, incluido el primer ministro, de este importante evento, constituye un excelente ejemplo del cambio de actitud que reclamamos respecto al uso que hacemos de la ciudad en general, y de sus equipamientos, edificios emblemáticos, calles y plazas en particular. Y coincide con algunas de las propuestas que hemos venido desarrollando en los distintos episodios de rehabitar (3 y 4, domesticar la calle).

Ojalá, pues, que la influencia que tuvo la practicidad inglesa en Muthesius, gracias a la cual, entre otras cosas, se impulsó la fabricación de productos de excelente diseño y calidad en la Alemania de la primera mitad del siglo XX, tuviera un parangón similar en nuestros gobernantes y estrategas. Es necesario que políticos, empresarios, urbanistas y arquitectos aprendan cómo, de nuevo, una sociedad singular y excéntrica, pero con imaginación, sentido de la organización y voluntad de ahorro, logra rehabitar olímpicamente una gran ciudad como Londres ¡Enhorabuena, pues, por el camino abierto, y que cunda el ejemplo!


[1] Muthesius estuvo en Inglaterra de 1896 a 1903. Al regresar a Alemania fue nombrado superintendente de las Escuelas de Artes y Oficios para reformar la enseñanza de los trabajadores. En 1904 publicó Das englische Haus. (MUTHESIUS, Hermann, Das englische Haus. Das englische Haus: Entwicklung, Bedingungen, Anlage, Aufbau, Einrichtung und Innenraum. Bd. Auflage Berlin 1904-1905). En 1907 fundó la Deutsche Werkbund una organización precursora de la Bauhaus, que hermanaba diseño, educación e industria con el fin de obtener la máxima calidad en los productos manufacturados.

[2] El velódromo, por ejemplo, con una capacidad limitada de 6.000 personas, una cifra relativamente baja para unos Juegos Olímpicos, pasará a un aforo de 4.500 personas, para adaptarse a la demanda real y evitar gastos de mantenimiento.

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