Poner las calles

El 19 de mayo de 1993 Gerhard Lang, Helmut Aebischer, Ruth Jureczek y estudiantes de la escuelas de arquitectura y urbanismo desplegaron una alfombra de 4 metros de ancho por 30 metros de largo pintada con rayas blancas simulando una piel de cebra. La alfombra a modo de paso de peatones cruzaba calles, aparcamientos y jardines de la ciudad de Kassel en honor a Lucius Burckhardt (1925-2003). El provisional paso de peatones permitía pasear libremente por esa superficie cruzando partes hasta el momento intransitables y desdibujando de forma “burckhardtiana” la categorización de los elementos que configuran la ciudad. Casi veinte años después la propuesta sigue siendo vigente e invita a reflexionar una vez más sobre el diseño de nuestras calles.

Burckhardt escribió en 1980 el libro Design ist Unsichtbar (‘Design is invisible’) donde proponía, recordando a Christopher Alexander, cambiar las categorías utilizadas en el diseño urbano. Por ejemplo en lugar de pensar en papeleras, quioscos o aceras para diseñar mejores elementos urbanos, proponía pensar en esquinas. Así las calles podían ser diseñadas desde otro punto de vista que iba más allá de la mera composición de distintos elementos urbanos incluyendo conceptos que no eran propios de la categorización anterior, por ejemplo la relación que los ciudadanos establecían entre los distintos elementos. Permitía, como él decía, dejar de hablar de objetos y hablar de acciones. Diseñar precisamente lo invisible y no lo objetual.

Pensar así hoy las calles implica primero de todo entender que éstas han de aceptar las acciones y que por lo tanto han de poder cambiar. Por eso resulta tan interesante recuperar la instalación de 1993, no únicamente por la transgresión que el paso de cebra móvil hace en el uso de la ciudad, sino porque invita a la provisionalidad de nuestros elementos urbanos. Actualmente es común aceptar que, de forma puntual, las calles cambien su uso habitual, por ejemplo que algunas calles amplíen la capacidad de aparcamiento durante el fin de semana u otras que permitan que se instalen mercados provisionales. Aceptamos por tanto la provisionalidad del uso que hacemos de ellas pero no la provisionalidad de sus componentes.

Si extendiéramos el ejemplo del paso de cebra móvil a otros elementos urbanos (semáforos, aceras, calzadas,…) las calles se asimilarían más a nuestras casas, el mobiliario urbano sería como el doméstico -literalmente móvil- y permitiría tratar las calles como espacios capaces de ser amueblados y por lo tanto capaces de adaptarse a las necesidades de sus habitantes. En una ciudad así decir que uno va demasiado temprano porque aún no “han puesto las calles” tomaría todo el sentido!

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