Huelga salvaje… habitación de urgencia

Hace unos meses hablábamos de la capacidad de los niños para inventar nuevos usos para los objetos cotidianos. Lo argumentábamos a partir de su capacidad de imaginar libremente sin ideas preconcebidas. A su vez, dábamos por supuesto que la gran mayoría de los adultos pierde dicha capacidad a medida que aprende a usar los objetos o a vivir en los espacios de la forma comúnmente establecida. Por ello, cuanto más nos alejamos de de la edad infantil menos capacidad tenemos de pensar como un niño. Vivimos, constreñidos en el uso normal de nuestros objetos y por tanto de nuestros espacios hasta que una situación atípica, desmesurada y que requiere toma de decisiones inmediatas nos obliga a borrar temporalmente de la memoria las ideas preconcebidas que tenemos.

Lo ocurrido el pasado fin de semana en los aeropuertos de toda España es una prueba de ello. Más allá de la lectura política, nos interesa la forma de comportarse de las personas en situaciones límite. Lo cierto es que miles de personas se vieron obligadas a permanecer en el interior de un aeropuerto, que es por definición uno de los espacios menos domésticos que conocemos. Atrapados; sin posibilidad de volar ni de poder volver a sus casas. Hacinados en la sala de facturación del aeropuerto, protegiendo sus pertenencias como un tesoro y conviviendo con extraños, que con el paso de las horas dejan de serlo. Las horas pasan despacio, adueñarse del espacio alrededor es sólo cuestión de tiempo. Se van tomando posiciones, cada persona va ocupando espontáneamente el espacio alrededor con su presencia, unas dosis de imaginación y con lo que está a su alcance, hasta convertirlo en una parcela domesticada de aeropuerto. El ingenio se agudiza y los prejuicios quedan a un lado. Lo que antes eran maletas repletas de ropa, ahora son más útiles como mesas de juegos o bancos para sentarse, las bolsas de viaje son ahora estupendos cojines y dónde siempre habían reconocido simples cintas de facturación, de repente descubren la mejor de las camas para pasar una noche interminable.

Las imágenes publicadas en la prensa nos sirven de lección para constatar dos realidades. La primera es que el uso de un objeto, por muy especializado que éste sea, depende en gran medida de la situación personal en que nos encontremos en el momento en que vayamos a usarlo. Dicho en otras palabras, un objeto sirve para lo que hagamos con él en una situación concreta. Por tanto el usuario tiene la capacidad de convertir un objeto en otro artefacto distinto sólo por el hecho de usarlo de una forma distinta a la establecida. La segunda de las constataciones es que cuando nos encontramos lejos de nuestro hogar y frente a situaciones adversas, sentimos la necesidad de domesticar el espacio en el que nos encontramos. Para ello echamos mano de los sencillos recursos del niño que un día fuimos. Ingenio, imaginación y falta de prejuicios… Arquitectura.

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IMÁGENES:

Imágenes 1 y 2: Laura Guerrero. La Vanguardia 05-12-2010
Imagen 3: Cadena Ser. Fotogalería

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